domingo, junio 20, 2010
Hace unas semanas participé en un concurso en Be Literature, donde Leara sorteaba un ejemplar de La Maldición de Las Musas de Javier Ruescas. Hoy se daba el resultado del mismo, y estoy más que contenta por poder decir que he ganado.

A continuación os presento el Mini-Cuento que escribí para el concurso. Espero que lo disfrutéis.

En el infinito cuento de nunca acabar, el final siempre lleva al principio.

Las niñas ya no quieren ser princesas. Son éstas las que quieren convertirse en niñas y poder jugar para siempre.

Los artistas ya no invocan a sus musas para pedirles prestada su belleza y usarla en sus maravillosas obras. En el cuento de nunca acabar, son las musas las que invocan al Dios del tiempo para suplicarle que frene su avance y así poder conservar su belleza.

Pero en este infinito cuento, como en un sueño, nada es real, y una vez se cierran sus páginas volvemos a la realidad.

Una realidad en la que un artista necesita a su musa, el tiempo avanza impasible ante la desaparición de la belleza y una princesa se ve obligada a casarse con un príncipe que no ama.

Y una niña, una joven e ingenua niña, juega con sus muñecas imaginando cuentos infinitos en los que es una princesa esperando a su príncipe azul.


viernes, junio 11, 2010
La habitación estaba en penumbra. Tan sólo había una bombilla colgada del techo, a varios metros de altura y apenas le permitía ver más allá de sus narices.Lect estaba de pie en el centro de lo que ella creía era un local abandonado. Un local enorme y oscuro.

El silencio era ensordecedor. La agobiaba escuchar su respiración, sus pulsaciones, y el roce que la ropa hacía cada vez que se movía.

De repente el silencio se vio interrumpido por unos susurros, pero Lect no alcanzaba a ver nada.

-¿Quién está ahí? – dijo alzando la voz. Lect no pudo evitar soltar una risita nerviosa.


-¿La has visto?- Un niño apareció de la nada. Entonces la luz se hizo más intensa y el radio que cubría antes, se amplió un par de metros a su alrededor.

El niño vestía de verde. Llevaba unos pantalones cortos llenos de agujeros y manchas de tierra. A juego tenía un sombrero con una pluma roja. Además en su mano izquierda portaba una espada de madera. El rubísimo joven le resultaba extrañamente familiar.

-¿Qué se supone que tengo que ver?- Preguntó Lect curiosa.

Peter, has vuelto a descosértela!- el espacio que abarcaba la luz volvió a agrandarse unos metros más y Lect pudo ver a una joven con una mueca severa que recordaba a la de las madres cuando regañan a sus pequeños.

-Ignóralos, muchacha. Son sólo unos crios.- Un hombre atractivo, de una edad que no supo calcular apareció a sus espalda. Estaba pálido y vestía de oscuro. Cuando sonrió pudo ver unos afilados y relucientes dientes que hacían que sus labios resultasen aún más carnosos. No pudo evitar sentirse atraída por ese hombre. Pero a la vez sentía miedo.

A su izquierda surgió una joven con una larga tranza que apuntaba con un arco cargado al caballero pálido. Llevaba colgado un broche de un pájaro que Lect no pudo reconocer. Estaba delgada, parecía que hacía días que no comía.

Aléjate de ella chupasangres! No está aquí para entretenerte.-

De repente el haz de luz se hizo aún mayor y Lect empezó a ver como aparecía más y más gente. Gente extrañamente familiar. Gente que no era gente.

Y lo vio todo claro: Peter y Wendy, Drácula, Katniss... Estaba rodeada de seres de ficción que sólo existían en las hojas de sus libros favoritos.

Todos, apelotonados a su alrededor formaban un círculo que se hacía cada vez más pequeño. Se acercaban a Lect, y ella no podía moverse, estaba petrificada.

Estaban a un par de metros de ella cuando de la marabunta apareció un conejo blanco que llevaba puesto un chaleco y portaba un reloj. Éste se dirigió al gentío.

Dejadla, dejadla, ya llega tarde!- Dijo el conejo nervioso.

-¿Tarde a dónde?- pregunto Lect confusa.

El conejo se giró hacia ella y le espetó:

-¡Es la hora es la hora, búscala!-

-¿Qué busque a quién?- Lect no entendía como podía estar hablando con un conejo.

-¡Busca LA! – Repitió el conejo.

-No te entiendo, ¿que busque el qué?- Se sintió frustrada.

El gentío se estaba revolucionando y cada vez hablaban más alto.

- ¡Busca LA!- gritó el conejo.

Lect despertó empapada. Era temprano, casi las 6 de la mañana. Lo tenía claro, se acabó leer antes de dormir, no le hacía nada bien.

Sabía que no volvería a conciliar el sueño, así que se levanto, se ducho y se preparo un desayuno en condiciones: tostadas con mantequilla y mermelada de fresa.

Salió al porche de su casa. Ya eran las siete y se veía que iba a hacer buen tiempo.

Tenía el día libre, así que decidió salir a dar una vuelta.


Lo que no tengo claro es si cogió el coche o la bicicleta.

¿Qué creéis vosotros?

Éste es el primer "capítulo" de la historia de Lect, al cual titule LA (lo que hace la falta de imaginación, jejeje)

Desde Lecturioseando, se decidió que Lect eligiera la bicicleta. Una lástima, o quizá no...

El segundo capítulo, pronto.

PD.: ¿Qué os parece el primer capítulo? ¿Por dónde creéis que van los tiros? ¿Alguna teoría (no lostiana)?
miércoles, junio 09, 2010
Entiendo la escritura como algo entretenido. Algo que te hace dejar parte de ti en ese punto exacto donde la tinta del bolígrafo toca la hoja en blanco. Un punto imaginario donde el que escribe se esfuerza por emocionarse a sí mismo y emocionar a los demás.

Pero para ello necesita algo aún más importante que ese bolígrafo que escribe y esa hoja en blanco que dará constancia de su relato.

Necesita ese ser que le haga imaginar; ese ser que le haga sentir que lo que cuenta es importante; ese ser que le rete a escribir y a la vez le inspire para hacerlo.

El que escribe necesita su musa.

Una musa que puede tener muchas formas y sonidos: puede ser una triste canción, una persona cuya belleza es tal que empalaga, la brisa del aire fresco en la cara, un rincón luminoso...

Yo he escogido a mi propia musa, con la dificultad que eso conlleva, ya que normalmente uno no la elige, sino más bien la musa elige a quien servir.

A pesar de ello, me envalentono y lo grito a los cuatro vientos:

TE HE ELEGIDO IMPROVISACIÓN. A PARTIR DE HOY SERÁS MI MUSA.


No tengo miedo a que me complique las cosas, no tengo miedo a cuánto pueda tardar en escribir, sólo tengo miedo a no hacerlo...

Sin embargo, la musa improvisación no actúa sola, y es por eso que os necesito a todos vosotros y a todas vosotras. Porque al final, vosotros sois mis musas.

Este será un lugar para escribir, y solamente para eso. Para ello, voy a dejar que me pongáis a prueba (y con el tiempo espero que algún otro blogger quiera participar) de todas las maneras posibles.

Pero eso os lo explicaré en el próximo post.

Bienvenidos seáis a este espacio

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